🐎 Datos del viaje
🐎 El pueblo sin asfalto
🏇 Un pueblo construido para llegar a caballo
El Rocío es, junto a un puñado de núcleos en toda España, uno de los pocos pueblos cuyas calles nunca se han asfaltado: todas son de arena suelta, la misma arena de la marisma y del coto de Doñana sobre la que se asienta. No es casualidad ni abandono, es diseño deliberado. Casi todas las casas —muchas de ellas "casas hermandad" de las distintas hermandades rocieras de toda Andalucía— tienen en su fachada una argolla de hierro o un poste para atar caballos, porque el pueblo está pensado para vivirse a caballo, en carreta o a pie sobre la arena, tal y como llegan las hermandades en la Romería. Pasear por El Rocío es como entrar en un decorado permanente de la romería, incluso en un martes cualquiera de noviembre.
⛪ La Romería del Rocío: la mayor concentración religiosa de Europa
Cada año, en torno a Pentecostés (mayo-junio), más de cien hermandades de toda Andalucía y de otras partes de España recorren a pie, a caballo y en carretas tiradas por bueyes los caminos de arena que llevan hasta El Rocío, en peregrinaciones que pueden durar varios días. Se calcula que durante esos días la población del pueblo —apenas unos cientos de habitantes el resto del año— se multiplica hasta alcanzar más de un millón de personas, lo que convierte a la Romería del Rocío en una de las mayores concentraciones religiosas de toda Europa. El resto del año, El Rocío recupera su ritmo tranquilo de pueblo de frontera entre la civilización y el Parque Nacional de Doñana.